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Fuente foto: Blog eCuaderno

Que a uno reconozcan su trabajo siempre será de agradecer, venga de quien venga. Pero si es una persona que entiende y vive de las nuevas tecnologías, de internet, de la comunicación en la red, es, entonces, un gran reconocimiento.

Esto implica que uno debe mantener su propia forma de hacer, e incluso superarla, a tono con lo que pienso de que uno se debe hacer a sí mismo, y no esperar nada de nadie, ni siquiera esperar tráfico falso de falsos lectores, como ya he comentado otras veces.

Escribo para quien quiera leer. Eso debería ser suficiente.

Gracias a eCuaderno, a José Luis.

ACRey.

Marrakech

Después de una segunda visita al mundo árabe, la primera hace seis años a Egipto, tengo la impresión, la certeza, de que los árabes alimentan y viven su propio caos edificado en callejuelas laberínticas y angostas, el abarrotamiento de unos encimas de otros y envueltos en un cultura filigranada de colores y formas, en todo. En las lámparas, en las alfombras, en la joyería, en la cerámica, en los edificios, en los mosaicos que adornan sus paredes, en el desorden, tal vez a propósito, de su tráfico de coches, carros, caballos, burros, camellos, bicicletas, motos, aquello que impida sutilmente el entendimiento por parte de ojos occidentales, no importan los semáforos escasísimos que ordenen algo que por naturaleza casi vive su propio desorden autorizado, quizás previsto.

Marrakech, además, es una ciudad roja (ocre rojizo) por uso en todos sus edificios de una pintura que simula el color natural del barro y adobe para la construcción de casas, construcciones que aún hoy se hacen en las zonas rurales, ello hace que las líneas rectas sean cosa de otras culturas. El ejemplo más bajo en esta ascensión, una casa bereber que visitamos donde la familia se gana la vida de las propinas que los turistas dejan por su hospitalidad museística de té de menta y fotos de sus modus operandi de vida, más la básica agricultura de cítricos y hortalizas, más la básica ganadería de un trío de vacas que conviven con ellos en su propia casa, de las cuáles toman leche los niños como mismo tomó leche aquel anciano de la ubre de un dromedario, naturalmente tibia y orgánica, como el antagónico puro de la esterilidad. La casa bereber apenas tenía ventanas y puertas. Es decir, tenían los agujeros irregulares de líneas de lo que debía ser y usado como ventana y como puerta. Y la familia bereber seguía su vida inmutable de amamantar bebés al calor de una hoguera de barro y madera carbonizada.

La antigua ciudad de Marrakech se apertrechó de una muralla que la circunvala en un gran perímetro, y que tiene varias puertas de entrada o salida, por lo que se entiende la Medina, la ciudad antigua dentro de las murallas, y fuera de ella la ciudad moderna. Pero más allá, que sería más acá en el tiempo y bajos los planes de una refundación turística de Marrakech, se alza una ciudad mucho más moderna con avenidas gigantes como planicies de una vasta llanura, y hoteles modernos y occidentales en su concepción, pero árabes en sus adornos rimbombantes de techo en madera roja, alfombras, arcos en puertas y ventanas. Por ejemplo, estábamos en un hotel de la cadena Ryad en la superavenida Mohamed VI que tenía un gran salón única y exclusivamente para la contemplación de todo el arte árabe, desde las puertas supertalladas en mil y una hendidura hasta las paredes de cerámicas superconjuntadas de colores y formas imposibles de adivinar, desde unos asientos-mesas apilables como se apilan o se esconden dentro de sí mismas las matriuskas hasta unos asientos-bancos que bordeaban las cuatros paredes muy bien acolchados y con una tapicería de formas y colores que embriagaban.

Encima de todo esto, que es la misma ciudad toda por todos lados y en cada rincón, como si fuese una loza, como si fuese un áurea neblinosa que penetra las cosas, estaba la polución de los coches mal quemados o mal combustionados, mezclado con el olor característicos de los animales cuadrúpedos que tiraban de carros o llevaban cargas, entiéndase caballos y burros con pañales exteriores que recogen ineficientemente sus mierdas, mezclado con el olor nauseabundo de un orine total y generalizado de muchísima gente, hombres, que vi aliviar sus vejigas contras paredes que no le importaban a nadie, mezclado con los olores de una cocina típica y bien sazonada de especies innumerables de citar sin que se me quede alguna, y mezclado, finalmente como un extraordinario cóctel, con las partículas de polvo rojizo y desierto y de suciedades de una atmósfera atiborrada que cerca a Marrakech, y de la que no se libra, ni es capaz de evacuar el alcantarillado generador también de sus propios malolientes gustos

Continuará…

ACRey.

La silla

La Silla. Foto Protegida con Derecho de Autor (Artista: María Gina Valero Ortiz)

Foto Protegida con Derecho de Autor (Artista: María Gina Valero Ortiz)

inspirado en una serie de fotografías,
por la artista MGVO,
en un ambiente de naturaleza y aislamiento

Eran cuatro patas que sostenían piedad
una bruma de aire virgen de bosque
la tallada frontera en espera del cansancio
una ocasión de pensamiento
moribundo
así como fallecida la madera negra y áspera
que hizo cuerpo
volumen de una desesperación.

Eran dos reposabrazos como lanzas
curvas e imperfectas
torneadas a la manera de brazos aqueos
e idílicos los brazos de un reposo
que aún no aparece
y no nace la calma pues
encima de un montón de troncos de árboles
arrepentidos de dar vida

Era un respaldar de bastoncillos con nudos
como imagen de cárcel
o como tabla agujereada de aire
de rama aposentada en un confín
simulacro de un muro de tranquilidad
una plenitud
un juego de infinitas formas de sentar la mirada
y descansar

a.c.rey.12.2008

Comentario en la Estancia Cubana

A propósito de este post en Estancia Cubana.

Saludos Camilo¡

Para esto yo siempre pienso en mi comparación favorita que me da muchas luces, “y sombras”, de la propaganda (publicidad) del gobierno de Cuba, a sí misma, y es la de Matrix.

Es imposible, además de injusto, buscar alguna culpabilidad al pueblo cubano sobre la manutención del sistema idiota de los Castros (léase idiota de ineficaz y no de alguna más que merecida ofensa), porque alguien que nace en una cápsula y no tiene otra visión del mundo no puede tener su propio criterio. De hecho, el sistema se hizo a sí mismo cordón umbilical, y mantenía/mantiene con vida a los reos. Tal es así, que me acuerdo perfectamente que el propio Fidel criticó, como todo lo que critica y mete en la sopa su barba cuchara, a la primera parte de Matrix, y estuvo a un paso de ser censurada.

Si existiese alguna culpabilidad de 50 años bajo la atenta mirada de Mordor, sería de las generaciones de cubanos de los años 60, pero fueron engañados, engatusados, convidados, y los que vieron o estuvieron en una posición mejor de ver el futuro, se fueron.

Pasa el tiempo. Y la culpa real es de aquellos que saben perfectamente lo que hacen, lo que dirigen, los que aprovechan su posición en el organigrama de poder para, como ruín capataz, atisar a los esclavos, y chupar el dinero a la gente, obligarles a la docilidad. Esos son verdaderamente los miserables.

También tienen culpa todos los que se oponen hoy frontalmente al gobierno de Cuba desde fuera (me incluyo) por no hacer esta oposición desde allí dentro. Hoy lo sé. Ayer, cuando lo intuí me fuí, y apliqué la política del 80 por ciento (probablemente) de todos los que están afuera de la isla, la del ¡sálvese quien pueda! ¿Para buscar un espacio libre y poder hablar sin miedo? Sí. Quizás. Más que sin miedo, a buen resguardo, arrimado a buen árbol de sombra y protección, como son los otros países dónde opinar no es un delito y a nadie se amedrentra por eso.

Hoy, en todo caso, el verdadero mérito, o si se quiere, la sincera autenticidad, es la de los que desde dentro están opinando y elevando su voz por encima del resto, con todo el riesgo que ello conlleva, gracias a la ventana de internet. Eso sí, ventana prácticamente cerrada del todo, pero ventana al fin.

O sea que, siendo objetivos, tenemos lo que tenemos y debemos empezar desde dónde estamos hoy, para nada sirve pues acechar cierta culpa a alguien de un lado o del otro, de antes o de ahora, el objetivo es remar como si todos fuésemos balseros a la misma vez, y provocar la misma ola. No queda otra.

ACRey.