La Cretina Realidad (13)

Escenario A

Había impreso en una papelería una copia de mi tarjeta de identidad y de mi tarjeta de desempleo. No viene al caso, pero ahora caigo en que este es el mundo de las tarjetas. Todas las identificaciones posibles de todo lo identificable apenas en un bolsillo. Pues las copias, la papelería las entrega en una carpetica publicitaria extremadamente fina, naranja, y lo suficientemente dura para proteger papeles A4. Tenía que llevar todo a una oficina para inscribirme a un curso de Innovación para empresas. Estaba en la parada esperando al bus 23, absorto, ya inquieto por 20 minutos de espera, cuando una señora mayor de cara arrugada y vestida con flores me dice: ¿Vas a botar eso para hacerme un abanico? Agarré con fuerza mi carpeta naranja y le dije: No. La señora arrugó aún más la cara y dijo: No importa, ya encontraré algo por ahí. Y se fue.

Escenario B

Ya en el autobús 23, casi vacío porque es verano, vacaciones, y la gente en Zaragoza  desaparecen del todo, me senté y pensaba. En la siguiente parada, alguien me toca el hombro con ademán autoritario o con derechos. Era un señor mayor de 80 años que exigía su asiento. Solo entonces fue que lo vi, me levanté, y le brindé el objeto felpudo rojo que viaja soldado al suelo y a la pared del autobús. El viejo se sentó, y suerte o no, conocía a la mujer de enfrente, por lo que comenzaron una inmediata y animada conversación sobre la miserable juventud de nuestros días, que no da el asiento NUNCA a los viejos, la residencia, 80 años, y estos jóvenes están perdidos, y es verdad, tu tienes razón, son terribles, y coño no pude más. Me acerqué y les dije: Vamos a ver, no le vi señor, le di el asiento enseguida, NUNCA es demasiado general, y a mi me saca de su prejuicio barato de hombre senil. Esto último lo pensé, claro. Y el señor me dijo: Sí, es verdad, tú no, los demás.

el resto de la colección de las cretinas realidades en esta página.

Carta a los participantes del Evento de Bloguers Cubanos

Buenos días a todos¡

Quiero agradecer, personalmente, a todos los que se reunieron en Mallorca para celebrar la reunión de bloguers cubanos. En especial, a esa mujer que es un imán social y aglutinadora de voluntades, a Aguaya.

Por motivos que no valen la pena enumerar y por tanto que no sirvan de justificación, me fue imposible asistir. No obstante, he estado con vosotros en formato fantasma o como espectro en internet leyendo vuestros comentarios aquí y en twitter.

Como todo bloguer que en primer lugar dice lo que piensa y no se muerde la lengua, ¿por qué no decir lo que siento? Pues me siento más cubano y muy orgulloso de vosotros.

La idea interior de esta reunión de bloguers, aquella que subyace en el fondo, la de unir a los cubanos no importa lo que piensen o vean a Cuba, es emocionante. Es sin dudas, la esencia que en 50 años nos han querido quitar, o cuando mucho han tergiversado con publicaciones, hechos, o un lenguaje propio de las cosas más rígidas que atan cualquier hilo fuera de la cuerda. Ya conocen.

Ahora solo falta, como ya leo por aquí, la posibilidad de reunir en un futuro a los bloguers de adentro y de afuera, que en definitiva, sería reunir cualquier pensamiento posible acerca de Cuba, hacer de todos los cubanos una sola persona que ame a Cuba por sobre todas las cosas. Sería, también, lo más democrático y justo.

Además, si queremos, en ese fondo, en esas arenas, rescatar a la Cuba diversa y mundialmente fragmentada, habrá que dejar a un lado los egos, las rencillas intelectuales, y pensar primero en los que aún viven dentro, luego los que piensan regresar, y por último, los que no regresarán nunca pero morirán siendo cubanos, si no lo han hecho ya, como Celia Cruz y otros, que eternamente serán cubanos.

Repito. Agradezco a los que han hecho posible está reunión, esta pequeña piedra, que ahora se debe lanzar hacia el interior de Cuba.

Saludos, y un abrazo fuerte a todos¡

a.c.rey.

Poema: Adiós a las almas (otra versión)

Inspirado en el libro de cuentos
“Adiós a las almas”, de Jaad.

Adiós
a
las
almas
que nunca tuvimos

Adiós
última palabra que la Habana ahoga en su bahía
síndrome de un silencio que mata

Las almas del sexo
la droga del alma
las putas que esnifan libertad
en los baños de los hoteles
o en el realismo mágico
de Carpentier

La inocencia de los habanemios
que pululan sin alma
como la bandera babero
los símbolos infames
que la Habana siembra en sus paredes

Adiós
a
las
almas
que nos despojaron

a singar
a follar
a templar
a fornicar
fuck you Ficción
verde rama de olivo fuck you

Sexo y alcohol en una botella de ron
el alma de la gente
como el ánima de un cable oxidado

Adiós Johnny P
que me traga el mundo

La putilla de enfrente
que entre medicina y salas de poesía
se folla a las almas todas del universo

Adiós Jaad
que me escupe el mundo

El chulo del malecón
que trafica con Habanos
las falsas Habanas del corazón
y otras oníricas estampas

Adiós
a
las
almas
que nos traicionaron

La Habana se desploma
como si tuviese un cáncer de plomo
adiós ciudad

La vida es un túnel
y Jaad y los suyos las ratas
de Cuba la alcantarilla
el salvoconducto
de las conductas que se salvan sin almas

Adiós queridas
Las almas fantasmas
del océano y de la tierra

Adiós

a.c.rey.17.08.2009

Madonna en Zaragoza

8 de la noche. 25 de Julio. Año 2009. Feria de Muestra de Zaragoza.

Antes habíamos comprado las entradas a precio caro para la zona B. La zona A era aún más cara. La cara de Madonna apenas se adivinaba desde la zona B, y su tamaño máximo alcanzaba el dedo pulgar apenas.  Finalmente los precios bajaron y la organización del negocio regaló casi las entradas. Nadie sabe si por la crisis o porque Madonna pierde reino, o porque el pop ya no hace pop y ya las burbujas no significan éxito.

No obstante, estuve puntual en la Feria de Muestra de Zaragoza con la novia y su hermano, o sea, mi cuñado. Y nos plantamos, -previendo aglomeración- justo detrás de la barra, la cantina, donde los empleados del chiringuito dispensaban cervezas y pan con algo a precio madónnicos. Aquí, hasta el final, no hubo rebajas. Pero nos tomamos todo lo que un cuerpo normal puede soportar, y más. Sí. También apareció un tabaquillo liado con ingredientes alucinantes que por alguna extraña razón alguien dijo vió en mi boca. Para entonces no sabría mucho, ni recordaba concierto alguno.

El concierto era explosivo como explosiva es la Madonna para quien 50 años son pocos. Me pareció bien disfrutar de los ídolos de la adolescencia en miniatura. La zona B era todo lo que quería a los 15 años. Entonces la música electrónica -que muchos odiaban- era mi particular canción protesta. Y ya ven. Nunca es tarde si Madonna llega envuelta en pantalla gigante.

Tampoco se sabe cómo aparecieron unas mujeres con pintas de putas al estilo Almodóvar, pero majas mujeres, por allá, por la barra. Eran brasileñas o portuguesas. Lo único cierto es que hablaban portugués, o español con acento portugués.

Nuestra posición era estratégica. Toda la zona B prácticamente tenía que pasar por nosotros o pedirnos a nosotros lo que querían tomar de la cantina. Así descubrí que no importa el momento siempre hay quien pasa de todo, pone cara de circustancia, y va a lo suyo. Esto explica la cara de amargura de aquella chica que -ajena al concierto de Madonna- cortaba el pan de los bocadillos a la mitad con infinita paciencia, como si Manu Chao le cantase al oído. Era del team de la cantina, trabajaba para alimentarnos a todos. Era un espectáculo triste dentro de otro espectáculo tristemente célebre.

Más tarde llegó él. Jamás sabré cómo se llamaba, pero era un negrito de África, inmigrante, pegado a la cartera de mi cuñado y a los vasos de cerveza en fila india por encima de las cabezas de la gente.

Al final, como es lógico, se acabó el concierto, y empezó la otra fiesta.

Más de tres horas para retirar a todas las almas vagas y moribundas del concierto de Madonna.

Entre sandeces e incoherencias una de las chicas portuguesas empezó a sufrir espasmos, espuma en la boca, tirada en el pavimento de la Feria. A su lado las otras chicas acompañantes aceptando que era una broma decían que todo estaba bien, que siempre igual, que ya se le pasará, y no llamen a nadie. Pero mi novia -que estaba cuerda y unas horas atrás, viendo la realidad etílica del concierto, decidió no tomar más- fue de inmediato a buscar a la Cruz Roja. La roja cruz llegó urgente a reanimar a la chica del espasmo. Se la llevaron. Regresó más tarde otra roja cruz preguntando qué había tomado la enferma ya que: ¡Está muy grave! ¿Está en coma! No sabemos, dijimos. Es decir, mi novia. No la conocemos, no es amiga nuestra, dijimos. Es decir, mi novia. Las chicas no tenían saldo en el móvil para llamar al novio de la convulsionada. Mi novia prestó su móvil y terminó hablando con el novio, que además, era disminuido físico y por tanto atado de por vida a una silla de ruedas. Este, con su coche adaptado, más tarde, no podía entrar al recinto de la Feria porque el concierto había terminado y el flujo de vehículos era en sentido contrario. Mi cuñado y el negrito tomaban cervezas. Yo no sabía dónde estaba.

Al día siguiente me contaron que, en el párrafo anterior, me había enfadado con un guardia que me quería sacar del recinto ferial porque era su orden ciega. El resultado fue que me fui al coche corriendo. Abrí la puerta. Me senté a esperar. Y me dormí.

Más tarde, no sé cúando, llegaron mi novia, mi cuñado, y el negrito. Ellos se bajaron en el Paseo de la Constitución. Nosotros continuamos a casa.

Cuando puse los pies en el suelo el mundo daba vueltas. Avanzaba entre árbol y ella, entre ella y los árboles. Al menos un par de veces vi cómo las negras raíces eran bañadas por los líquidos más bílicos de mi interior. Busqué entonces la verticalidad, las ganas de un paso firme que me tumbase en mi cama. Y lo encontré finalmente.

No creo que Madonna me haya visto, pero se acordará de mi para siempre. Desde luego, la experiencia es lo último que se pierde.

a.c.rey.