Hoy por ayer: Todos los días son 20

Fuente de Foto: Desarraigos Provocados

Por supuesto que nunca es tarde, si la dicha tiene faldas y tiene nombre de mujer: LIBERTAD.

Ayer día 20, incontables blogs se unieron una vez más para denunciar el estado de sitio en que vive la población de Cuba.

PAPELBIT pone el dedo en el ojo del ratón.

Internet debería circular libremente en Cuba. Así como las personas, los taxis, las vacas, las ideas, los Partidos, los idos, los llegados, lo que no van, lo que están, en fin, Libertad es una señorita de su casa, y vive en un cuarto oscuro.

La frase de hoy: ” A buen entendedor, pocas palabras son insuficientes”

Cabo de Gata

En el Verano que ya ha muerto, estuve en el Cabo de Gata, Almería. La foto corresponde con la costa Oeste del cabo, una playa en línea recta de más de 8 kilómetros. El agua tan clara que los peces se veían sin gafas de buzo, desde el aire mismo mirando hacia la arena. Nadie tomando sol en un radio de 300 metros, tan solo nosotros, una sombrilla de colores obligados, una nevera con cervezas, un par de libros, música, y unas increíbles ganas de extender las vacaciones, o quedar olvidados allí para siempre, en la arena, como conchas.

Zanguango Teatro en Fiestas del Pilar

Zanguango Teatro

Fuente de foto: Página Web Zanguango

Magnífica representación de este grupo de Teatro en las calles de Zaragoza, exactamente en la Plaza del Justicia. Obra ingrediente de las Fiestas del Pilar que, con pena, terminan hoy.

La obra trata de unos presos y un par de guardias, encerrados todos en una jaula, y en el medio, un piano. La terapia carcelaria es cantar mientras un guardia (ella) toca el piano. Obra cómica a medias, y trágica también a medias. Ni lo uno ni lo otro. O todo a la vez, para dejar claro que la vida está llena de casualidades, de trágicos sucesos que pueden hacer que cualquiera acabe en la cárcel. Y para que la historia de cada preso no sea tan fuerte, o para suavizar la escena, el ambiente, y no llegar a las lágrimas, cada actor suelta bocadillos de humor, incurren en despistes, se ríen de ellos mismos y del público, los espectadores del sarcasmo, a fin de cuentas.

El único “pero” y una gran lástima, la deficiencia del audio. Ruido en los micro. Altibajos de los parlamentos de los actores. No obstante, la obra muy digna, alegre, triste, ruda, sexy, graciosa, musical. Teatro cóctel. De todo un poco y bien tejido. Teatro en la calle, en contacto directo con la gente, con el ambiente festivo de las Fiestas del Pilar.

Si tienen oportunidad de ver a Zanguango en acción, ¡corran a verles! Y cuando termine la obra, corran también: ¡pueden acabar en la cárcel!

El Estado cubano

Fuente de foto: El voto oculto

Me gustaría desprenderme de toda retórica y llegar al pragmatismo absoluto de la idea que quiero transmitir. Porque, al fin y al cabo, todo texto, todo discurso, tiene una o varias ideas que transmitir.

Y una gran –diabólica- virtud del Estado cubano es esa, unir la conciencia de millones de personas en torno a una idea, no ya transmitida, sino inyectada, clavada, taladrada, en la vida mortal de los cubanos. ¿Y cómo es posible eso? ¿Cómo es posible que personas de más de 60 años (por ejemplo) “crean” en la benevolencia del Estado cubano?

Sobre los más jóvenes, los que han nacido dentro de la burbuja, sería comprensible y lógico que no tuviesen otro punto de vista (objetivo) excepto aquel al que tienen acceso. Sin embargo, son los más visionarios.

Un anillo para dominarlos a todos, dijo J. R. R. Tolkien. Un discurso populista, cercano a la gente, afable, lúcido, con un enemigo estático, inmutable, perenne, dijo Fidel. Un enemigo cotidiano que acecha en cada rincón, como obra de teatro que necesita al personaje negativo para afianzar la idea positiva. Absolutamente un único discurso en cada vena cubana, para dominarlos a todos, dijo Fidel.

Háganse esta pregunta: Si la Radio, la Televisión, la Prensa Escrita, la literatura, las Canciones, los Grafittis del Estado, si Internet está superfiltrado, si todo en Cuba de forma institucional cuenta “la misma Versión de los Hechos”, ¿dónde está el sitio, el lugar, de los cubanos que ya han nacido en ese País y tienen otra “Versión de los Hechos”?

Y también esta otra: ¿Es tan humanamente perfecto el discurso de Fidel y del Estado, que puede avalar cualquier acto de exclusión al prójimo, cualquier muerte, cualquier prisión, para creer y justificar ciegamente en tan humano discurso?

O estas: ¿Por qué se habría de justificar todo acto de quién se ha erigido a sí mismo como salvador de los cubanos? ¿Hasta qué punto los males del Sistema Capitalista satisfacen al “ojo por ojo y diente por diente” del Estado cubano, hasta el punto, precisamente, de sacrificar familias enteras, de obligar a quien haya despertado de la pesadilla a vivir en otra parte, o en una cárcel, o morir para siempre en el mar?

Pero en Cuba nunca nada es suficiente.

La imagen superlativa del miedo a represalias, a vivir en peores circunstancias de las que ya vive un cubano, es callar. Así pues la gente anda calladamente, aceptando, afirmando, haciendo como que aplauden, haciendo como que comen y como que son felices.

Mejor mostrar un humor alegre y benigno antes que opinar o leer un libro clandestino. Mejor sonreír que observar con lupa las caries del sistema. Mejor sobrevivir que levantar un dedo para “solicitar” vivir dignamente. Mejor robarle al Estado que “comprender” que el Estado roba a los cubanos.

Entiendo que es algo increíble de asimilar, pero esto ocurre todos los días en Cuba.

El miedo es tal que la gente ve fantasmas uniformados ante las puertas de sus casas. La presión ideológica es tal que aún teniendo algunas gentes la posibilidad de leer otras cosas, vivir otros mundos, se aferran a que sólo existe Cuba y el mundo exterior, aunque lo vivan, es mentira.

Bien podría acuñar para Cuba “El mundo alucinante”, “La Tierra prometida”, “La casa de los pavores”. Pero tan solo es, el Estado cubano.

Velas

Fuente de foto: TarotLuz

Encendí velas porque siempre tengo en cuenta que hay que encender de vez en cuando recuerdos que van quedando olvidados.

Sin embargo, encender velas es mucho más sencillo. Es apenas dar luz. No es tan difícil como atar cabos en una oración, o en toda una vida.

Recuerdo cuando estaba a solas con ella, y no estaba ella, la última que vino, la niña que me satura de una alegría rechoncha. Éramos dos, y la casa era apenas la cueva que nos daba abrigo, el espacio de la complicidad, el rincón del compromiso. La felicidad pintada de sexo, de cariño, y de un par de cervezas sentados en el balcón. No se pedía nada más. Ni nadie pedía nada porque todo se estaba dando por sí solo.

Enciendo velas. Quemo raíces. Llamo hacia la luz los fragmentos vívidos de una vida diferente, pasada, pero no suficientemente recordada. El tiempo, como un archivador, pone un papel encima de otro hasta crear una columna de la cual solo vemos su capitel. Y así será. Nos dijeron.

Enciendo velas por ti, por mi, y por la niña rica de frutas y chocolate. Nuevos ambientes. Nueva casa. Nueva felicidad.

Sin embargo, doy luz a lo que ya pasó. Me siento en el suelo. Me cobijo en la alfombra. Miro la luz mortecina que mueve los objetos traídos de otros viajes, las fotografías nuestras, los ojos grandes de la niña, su sonrisa pícara, y enciendo otra vela. Por nosotros para siempre. Espanto. Y veo entonces lo que puede traer el futuro.