
Fuente de foto: http://www.asdetrebol.com/peonzademaderaconcordel-p-7593.html
Cuando era niño jugué como todos los niños a la peonza, en Cuba. Hace más de 30 años. Pero allí le llaman trompo.
El dueño del bar dónde suelo tomarme un café mañanero, cuenta que aún tiene peonzas de madera de hace más de 60 años.
Es curioso que hoy mi hija de apenas 7 años se ha convertido en una fanática de la peonza. Y no sólo ella, sino la mayoría de los niños de los coles de Zaragoza. Claro que las peonzas de hoy son chinas, y no muy baratas para la calidad implícita del estilo chino.
Recuerdo, recuerda, aprende mi niña a enredar la cuerda en la superficie cónica de la peonza, y a tirarla. Lleva días así. Enreda, tira, falla. Papá cómprame una peonza que la otra se perdió. Enreda, tira, y falla, y muchos niños ya saben lo que es una peonza que gira sin parar.
Hoy finalmente aprendió a enredar correctamente su peonza, tirarla, y hacer que el juguete bailase hasta caer sobre su barriga curva.Tiene estilo. Lanza con delicadeza.
Sobre las nueve ya está acostada para descansar e ir al cole al día siguiente. Y su madre a esa hora suele llegar del trabajo.
Entre la modorra del sueño y el subconsciente que se desvanece, mi niña levantó su voz y dijo desde la oscuridad de su cuarto: ¡Mamá! ¡Ya sé tirar la peonza!


