Foto:x.a.c.rey. Huesca, Aragón, campos de trigo de Agüero.
Y pensar que de estos pequeños granos nace algo tan sabroso como el pan. El alimento básico por excelencia. Aquel que si no comes porque te es inaccesible te clasifica de forma inmediata como un ser pobre pobrísimo.
¿Qué podríamos decir de Cuba y su pan pam como una triste bala a todo el país?
Pues en la década del 80, cuando el pan era más libre que los cubanos, cuando podías comer todo el pan del mundo por muy poco, uno no sabía a ciencia cierta cuál sería su dependencia a la masa horneada, hasta que los soviéticos dejaron de ser rojos sobre el papel y se llevaron al pan cubano consigo.
Recuerdo perfectamente la medida. ¡Será transitorio! dijo el periódico Granma, y todos los demás copiaron la noticia, menos la revista MISHA que para entonces ya era historia. El pan ya no es libre sino que será racionalizado. Larga palabra. Como su sombra.
Racionalizar en Cuba quiere decir Racionalizar. Sólo unos pocos gramos de pan para cada cubano, una masa redonda en la palma de la mano, el tamaño justo para todo el día. Si desayunabas pan con algo, luego por la tarde ya sabías que no podías contar con él. O si lo comías por la noche con algo, lo echarías en falta al día siguiente por la mañana. Era así. Uno, es uno. Un triste y único pancito diario. Ah, transitorio en Cuba quiere decir para siempre.
Luego vinieron los experimentos. Años 90. Pan de harina de boniato, por ejemplo.
Alguien tuvo la triste idea de darle al pueblo pan de harina de boniato. Si los Pitufos fuesen verdes este hubiese sido su pan ideal. Todos los panes se ponen viejos y verdes, pero el experimento de harina de tubérculo ya nacía verde, con la esperanza de ser comido perse, y a las pocas horas se ponía tan duro que sólo una buena sopa podía ablandarlo.
Desde entonces cada año nuestro querido pan sufría en su masa la corrupción generalizada del país. Así que era posible comerse un pan sin aceite en su confección, o con menos levadura de la necesaria, o con menos trigo, o con menos harina de boniato, aunque parezca increíble.
Ser panadero era como ser Dios, más idolatrado que un médico, más necesario que un discurso. Y la corrupción subastaba al mejor postor los puestos de panadero en el Mercado Negro.
Pan. Cómo disfruto ahora comiendo pan. Libre en todas sus manifestaciones de trigo, trigal, el campo ancho en toda su extensión de pan por hacer.
Pues eso. ¿Qué podríamos decir de Cuba y su pan pan…?