El Poder de Chris Isaak

Estaba trabajando en mis cosas, y dije: ¡voy a poner música! Así que casi sin escoger nada en particular, Chris Isaak apareció con su estilo ligero, romántico y hasta antiguo podría decirse.

El tal Chris es supercontagioso. Me ha entristecido un poco, y a su vez me ha puesto un tic nervioso en el pie cogiendo el ritmillo de la música.

¿Qué puedo decirles mientras Isaak se queda conmigo?

Pues mi pareja en Navidad me regaló un Kindle de Amazon: pequeño libro electrónico. Todo perfecto! El problema es que ahora tengo más libros electrónicos de los que podría leer en toda mi vida. La cosa etérea de Internet crea una sobreabundancia de casi todo. Chris Isaak también, claro!

Además, no sé si saben, se acabó un año y empezó otro. Dicen, que el último año de nuestras vidas. Con más razón no podré leer todos los libros que tengo ahora. Y espero llegar al último día con el tic del pie, así, como quien le coge gusto a algo.

Humm! Tampoco sé si saben que monté mi propia empresa hace poco más que la mitad de un año muerto. Y funciona! Como diría Galileo: Digan lo que digan, Negocy se mueve! Eso sí, al compás del amigo Isaak! Lento, romántico y noble. A veces triste, a veces alegre, y siempre entretenido y vívido.

Menos mal que Chris le pone ritmillo y calor a esta tarde Iceberg de Zaragoza. 0 grados, y bajando! Lo peor es la niebla que no deja ver a los helados humanos, con ropa, y enfundados en la velocidad inhumana de Europa.

Me voy. Abríguense! Os dejo con Chris Isaak.

Texto: Alan Nal busca algo entre las piernas

arboles secos en invierno

Foto.x.a.c.rey(Árboles de Agüero)

El Invierno sin hojas de los árboles, y sin nieve. El Invierno como un manto de alma fría, una textura densa de masa amorfa y transparente. Todo queda pues enlentecido al latido inocuo de Alan Nal como si estuviera muerto, como si fuese un tronco seco a la espera del hogar. Ralentizado el pensamiento cuando observa los árboles desnudos de la ciudad, andar pausado, bufanda inerte alrededor del cuello, guantes, y una boina negra que abriga su cabeza de medio pelaje. ¿Qué pensará hacer ahora Alan Nal? Continuar atravezando el muro de aire frío hasta llegar frente a ella, sería una opción, y decirle: ¿Te vienes conmigo? Hace un frío del carajo, necesito un cuerpo que me caliente. Ahora puedo. Ahora en casa. Las hojas de los troncos que ya no estaban se podrían haber movido con el vientecillo que de súbito comenzó a soplar, oportunidad para observar la cara congelada de la mujer entrada en arrugas cuando su pelo crespo se despejó, así como el cielo del Invierno es a veces límpido. Era la cara propia del Otoño, la que alberga toda la tristeza del mundo en una sola hoja seca, en una rama desnuda, unos pómulos hinchados, unos labios falsos de silicona real, unos ojos parapetados en una mirada pétrea, como un culo su cara estropeada además por la inclemencia (o la clemencia) del tiempo. La mujer rolliza se movió aprisionando a Alan Nal contra su aire frío desplazado, y él la siguió.