Etiquetado: La Cretina Realidad

La Cretina Realidad (19)

Escenario A

El emigrante X, sin nombre y con número infinito, no supo qué inventar para burlar la policía fronteriza de Melilla con destino a España. El recurso explotado del contenedor hacinado como emigrante, era cursi. El recurso de viajar debajo de los camiones como un eje más, también. Había que innovar. Emigración I+D+i, etiqueta identificativa que significa que eres más listo que los demás, no que cobres más, pero al emigrante X esto no le importa. Lo que le preocupaba era su entrenamiento de asiento de camión. Largas horas sentadito y sin decir al compañero que se le sentó encima, ¡cuidado que voy al baño! En fin, no dejes de ver la nueva obra en el teatro de los emigrantes “El asiento humano”.

Escenario B

Bienvenidos a un nuevo episodio del Ecce Homo. El listón de la calidad y la sorpresa está muy caro. Cecilia se adelantó al futuro vanguardista de la restauración eclesiástica. Ya nadie podrá aproximarse a tamaña hazaña pictórica. Lo sabemos. Ecce Homo quedó técnicamente, sonoramente, apabullantemente, cómico, desinhibido, melancólico y feliz, con cara de placer, que no de póker, soberbio. Las intenciones son las que son. Y la obra maestra, también.

Escenario C

Sucede que algo es general porque sucede una vez. No es ilusión. Y cómo sucede una vez, se cuenta. Y como se cuenta, y se vuelve a contar, es general. Por eso los friquis o raftas, personas de una libertad exuberante, son, en el ideario colectivo, personas al margen de la ley, libres a más no poder, descaradamente inasibles, y siempre, o generalmente, bien acompañados de grandes perros, muy libres también. Es por eso que según la superlibertad que otorga una cresta, ropa ajada, y un pendiente del ancho de un dedo, semejante perro cagó en la Puerta del Carmen de Zaragoza un descomunal trofeo al patrimonio de la ciudad. La gente protestó arrojando una libertad limpia y pulcra, pero allí quedó el presente cierto del ideario colectivo.

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La Cretina Realidad (18)

Escenario A

Supermercado AlCampo en pleno centro de la ciudad. La gente compra poco y son pocos los que compran. Un sábado. Un domingo. La crisis no entiende de calendarios. Entran las familias enteras con hijos y abuelos, cochecito, carro, coche, bolsa biodegradable y de patata -lo último-, bolsas plásticas -lo viejo y desechable. Tiendas, y tiendas, y más tiendas. Deporte, juegos electrónicos, chuches, ropa, calzado, alimentación, chiquipark, aparatos eléctricos a imagen y semejanza de Disney´animals, y escaleras eléctricas. También un niño con el cordón de la zapatilla suelto, de la mano de su padre. Cuando se dio cuenta el padre del problema se precipitó hacia el botón rojo que para de inmediato la escalera eléctrica. Del final dentado salieron ileso, el cordón, la zapatilla, y el niño.

Escenario B

Generalmente en la juventud ocurren cosas mágicas como el primer amor, el primer desamor, las primeras gamberradas, las primeras situaciones cómicas o tristes que de alguna forma en el futuro te saldrán, en el camino, o en internet, vaya usted a saber del post de quién. También ocurren cosas increíbles como escribir un diario, un diario de juventud, o de joven, o de gente que no sabe lo que hace. Así que mi novia limpiando el polvo del librero se encontró su diario de entonces. Le quitó el polvo. Lo hojeó. Y descubrió cosas como que una vez estuvo en el mismo bar con Javier Bardem, por allá en Septiembre de 1993, y su prima le tiró los tejos, o le echó picante, o se le pusieron los ojos tiribiri. Se estrenaba en las salas Jamón Jamón. En el diario no pone luego qué pasó.

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La Cretina Realidad (17)

Escenario A

Las niñas -generalmente- van contentas al ballet. La clase se abarrota de pequeñas bailarinas que entre muecas y juegos aciertan con algún movimiento clásico. Lúa es una de esas niñas. Cuando termina la clase arranca pletórica a comerse la calle dando brincos y corriendo de un lado a otro con su amiga Zoé. La madre de Zoé regaló un globo a cada una, de modo que las niñas salieron a la calle a jugar como es normal jugar con globos. Soltar y agarrar, dar golpes a la goma hinchada. Sopló una ráfaga de viento fuerte como es normal que sople el viento fuerte en Zaragoza. El globo de Lúa se encarriló como un coche por la Avenida. La madre de Lúa corrió detrás del goblo como si ella misma fuese empujada por el viento, hasta que llegó al lugar de la acera donde yacía un globo muerto. Justo al lado, un par de jóvenes ya grandes y fumando cigarrillos, reían.

Escenario B

Trabajaba convencido del bien y la buena voluntad de quienes le empleaban. Trabajaba consciente de que un trabajo bien hecho sería una garantía de éxito y continuidad. Trabajaba para desenmascarar los errores que por años se sepultan en las empresas y los cuales, convencido estaba, hacen daño a la imagen y negocio de las empresas. Trabajaba porque trabajar ennoblece y más si se hace de forma consciente y por el bien general de hacer el bien…, y no por el aburrimiento y la esterilidad que produce ir a trabajar por trabajar, como si de robots se tratara. En fin, trabajaba adandonadamente solo, sin ayuda ni orientación de quien -se suponía- necesitaba un trabajo determinado para un tiempo previsto, de forma que bien se pudo advertir zancadillas, óbstaculos, e información bajo llave. Un día vino el empleador que actuaba como el policía “bueno” de las películas, y le despidió. El Jefe, que de todo sabía absolutamente todo, ese día tuvo vacaciones.

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