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Estaba en la sala de un hospital velando a un familiar con un coágulo de sangre en un pulmón.

También estaba sumido en la más absoluta tristeza por esas cosas que tiene la vida de efímera, y por otras cosas como la incomprensión y la petulancia de quién decide el destino de los demás.

Supongo que no puedo remediar que Zapata sobreviva, así como tampoco resucitar empleos que se pierden como una manzana caída de su cesta.

Pero sí puedo hablar y nadie podrá hacerme callar. Probablemente no gane nada excepto quitar lastre y andar ligero, y acaso hurgar en los cerebros cuasi perfecto y límpidos, barriendo mocos que no son capaces de ver.

Zapata ha enseñado que mantener la razón y la verdad puede costar muy caro. También que la determinación es una virtud que pocos tienen.

Dar poder a quien no lo merece hacen de este mundo una mierda azul y verde, visto desde el espacio que queda entre yo y tú.

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